El mito de Yarí y los orígenes de la yerba mate, en la narración de Hugo Sand

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El dirigente agrario Hugo Sand, de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM) asistió como invitado especial al tercer encuentro del Curso de formación técnica y reflexión histórica “Comunicación popular y luchas agrarias e indígenas en Misiones”, que se desarrolla en la localidad de El Soberbio a través de un proyecto de extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones, en conjunto con el Movimiento Agrario de Misiones (MAM).

En el inicio de intervención señaló que uno de “los motores” de la manifestación popular conocida como “Tractorazos” fue la problemática yerbatera de ese momento (crisis neoliberal del 2001). Dirigiéndose a las familias Mbya Guaraní presentes en el encuentro aseguró: “Tupá (el Dios de la cultura de la etnia indígena Guaraní) tiene mucho que ver con esto”.

Seguidamente, narró una versión personal del mito de Yarí y los orígenes de la yerba mate, como un relato significativo respecto a las condiciones económicas de producción de este cultivo tradicional en Misiones:

Cuenta la leyenda que Yarí, una nenita estaba con su abuelo Yará en el Tapýi (choza), en el monte, esperando la muerte del abuelito y la comunidad, como era migrante nómade, se había trasladado. Y una tardecita-noche aparece un viajero y ellos le invitan a pasar a su Tapýi, y comparten las escasas comidas que tenían.

Al día siguiente, antes del amanecer, este viajero, antes de partir, le enseña cómo debía consumir las hojas de un árbol: la yerba mate, una especie nativa de la selva misionera. Y lo hizo en agradecimiento a la hospitalidad, a la amistad, a la hermandad, entre los hombres. Y hoy tenemos que la yerba mate es la bebida nacional de la república Argentina.

Y ese hombre era nada más y nada menos que Tupá: Dios.

Y me pongo a pensar. No le dio a Las Marías ni a las grandes empresas el conocimiento de los beneficios de la yerba mate. Le dio a una niña y le dio a un anciano. Le dio a todo lo que comprende una familia humana. O sea que es un bien de todos y no solamente de aquellos concentradores de las riquezas.