A 52 años de la creación del MAM: las convicciones históricas siguen alumbrando el camino

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Al mirar hacia atrás es inevitable evocar y agradecer el legado de los compañeros y compañeros que desde nuestra organización se brindaron con amor e inmenso compromiso a su pueblo. Nuestros mártires: Pedro Peczak, Anselmo y Valdimiro Hipper, Estela Urdániz.

Quienes sobrevivieron al terrorismo de Estado y con fortaleza y tenacidad posibilitaron el resurgimiento del MAM en la década de 1980.

A las y los militantes que pusieron el cuerpo en las masivas manifestaciones de resistencia popular en los noventa, en las luchas por la tierra y la protección de los bienes comunes, los precios de los productos y los mercados de cercanía como las ferias francas…

El contexto político actual es de preocupación e incertidumbre. Derechos fundamentales del pueblo están en riesgo debido al alarmante avance de proyectos políticos de extrema derecha que, discursos de odio mediante, propugnan la destrucción del Estado.

Hoy más que nunca ratificamos nuestra firme defensa del Estado presente y fortalecido, como garante de derechos y promotor de igualdad de oportunidades.

El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) es emblemático en tal sentido, en lo que refiere a la regulación de la actividad yerbatera.

Hay una realidad indiscutible, que comprobamos una y otra vez en el medio siglo de vida que tenemos como organización: a los agricultores familiares siempre nos fue mejor con el Estado presente, interviniendo en favor de los que más necesitan. Los modelos de libre mercado, implementados en la última dictadura cívico-militar, durante el década de 1990 y en el gobierno de Mauricio Macri, sólo acarrearon mayores desigualdades, hambre, miseria y la concentración de la riqueza en pocas manos.

En este contexto, de futuros complejos, persisten preocupaciones de vieja data. El monocultivo del pino sigue expandiéndose, se repiten los desmontes y los desalojos.

Más allá de los discursos, no existen políticas públicas concretas que atiendan los efectos dramáticos del cambio climático. El Estado provincial aún no ha resuelto las millonarias pérdidas por sequías, cada vez más frecuentes y severas.

Y seguimos reclamando inversión, créditos, apoyo directo para la producción de alimentos, para que la tan mentada política de “soberanía alimentaria” que exalta el gobierno provincial sea efectiva.

Destacamos como una conquista reciente la prohibición del uso del glifosato. Planteamos nuestro apoyo pero insistimos en la necesidad de generar una ayuda directa del Estado para la transición. Sin esa ayuda, el nuevo modelo no será viable.

Desde el MAM impulsamos actualmente la creación de una Mesa Agroalimentaria, para tratar todos estos temas y solicitar al gobierno que, junto a las organizaciones y productores, diseñe un programa agroalimentario que aborde seria y democráticamente el problema.

A 52 años de la reunión constitutiva del MAM persisten dudas y problemáticas similares a las de aquel tiempo fundacional. Hay un largo camino transitado, de aciertos, errores y aprendizajes colectivos. Tenemos muchísimos motivos para seguir caminando, siempre apostando a la unidad, la lucha organizada y la firme defensa de los intereses de nuestro pueblo.